jueves, 29 de julio de 2010

Crónica de una radiografía coiteca




por: Fernando Trejo



La noche del martes 27 nos reunimos la banda en la cafetería Fractal para escuchar Radiografías, el nuevo libro de mi amigo René Morales. A falta del editor, mi amigo tiene que subir al pequeño estrado de la cafetería y nos dice que no podrá obsequiar sus libros pues el responsable anda perdido quién sabe en qué ciudad o borrachera. "Pero pronto me editarán 30 mil ejemplares de mi próximo libro y ahí podré regalarles una caja a cada uno".

Radiografías es el segundo libro de René quien afirma en público haber nacido en San Luis Potosí pero que muchos lo conocen más coiteco* que el pan.

El libro, editado en Guatemala por Catafixia en la colección latina es una edición muy bella y de fácil digestión, conformado en 3 partes que protagonizan 6 ciudades en las que René ha dejado parte de su ser como escritor y su esencia como ser humano: D.F., Sao Paulo, Guayaquil, San Salvador, Santiago de Chile y Tuxtla Gutiérrez, nos transporta como si en autobus recorriéramos de reojo estas 6 ciudades.

Fabián y Rodolfo, como no queriendo la cosa traen dentro del bolso interior del frack las palabras emotivas del discurso de su premiación en los Óscar pero en este caso para presentar a René quien los invita al presidium cual micrófono abierto de La Casa Tomada, "es que Fabián ha leído unas diez mil veces mi libro" [...] "Y Rodolfo, mejor conocido como 'el piji' escribió un texto bellísimo" añade. Rodolfo Girón me queda viendo y se lleva la palma de la mano a la altura de los ojos como encabronado diciendo para sí "ya les dije que me caga ese apodo, por eso ya hasta cambié el piji17@hotmail.com por cobrizopuntosuspensivodemimuerte@hotmail.com".

Fabián habla sobre el libro, toce, tiene garraspera. Dice que este libro, es una radiografía también de René, pues lo identifica en el siguiente poema:

Rua Augusta
(Recomendación)

Hay que internarse por lo menos un día en los lugares más sórdidos del mundo
como por ejemplo esas calles llenas de cerveza barata
y suelos mojados

siempre hay que etrar en los lugares donde la gente se divierte con poco dinero
bajar a los barrios y vomitar sin mancharse la playera
beber, inhalar y fumar todo lo que te pongan en la mano

después de todo siempre
siempre te puedes tomar un par de cegundos
para enjugarte la cara
salir a respirar un poco de aire limpio
y volver a la fiesta

es más, ahora te puedo asegurar que nada te hace
sentir más vivo que volver a casa temblando en
los asientos traseros de un taxi.

Fabián continúa, "bueno, ahora leeré este texto que me permití escribir, jmm, jmm":

Glosa del itinerante

Viajar es un placer que no cualquiera logra procurarse. Viajar implica conocer otras latitudes, generar una serie de recuerdos a partir de la estadía por un lapso determinado. Las costumbres de quien viaja son reconocibles pues trata de encontrar, a cada paso, los lugares más representativos, la comida, las costumbres de los nativos y así, de manera vedada y paulatina, suele apropiarse del lugar que se visita. Un hecho, un solo acto desencadena, ya en la patria, una evocación certera del país que se ha recorrido. Pero hay lugares que dejan una marca indeleble, que se reconocen como una herida que a larga no ha sanado. Uno puede soltarse las amarras, pero nunca totalmente: al final llega la noche y te quedas solo, siendo tú, con tus penas, tus culpas, tus virtudes.

Entonces, se comienza a habitar espacios que la memoria alterna, que conservan una extraña pureza en la nostalgia. Y el viaje que más dura entonces, no es el de los lugares eternamente ajenos, el de los países que quizá no han de conocerse; las calles que más tardarán en recorrerse son las que existen cuerpo adentro, en la evocación del yo por su pasado, por los sitios que alguna vez recorriera como un hombre libre. El viaje dentro de uno mismo, en eterna pugna con el mundo. Si bien cada ciudad tiene una identidad propia: “La individualidad contiene en sí misma, por así decir, lo infinito en germen”, cada ciudad, para unos cuantos melancólicos, “siempre es la misma”.

Rivera termina su participación, agradece y deja el espacio para que, otra vez, se modere a sí mismo el buen René. "Bueno, invito ahora a mi amigo Rodolfo que también escribió algo sobre mi libro" Le comento a mi novia "mira cómo habla Girón, no habla, grita el canijo" pero esta vez Girón me deja en mal y por vez primera habla con una voz tembeleque y agradece, diplomáticamente, el espacio otorgado, a la cafetería y a los amigos ahí reunidos. "Voy a leer un texto que escribí a cerca del libro de René que se llama 'DE LA POSIBILIDAD NO ERRÁTICA DE ESCUDRIÑAR EN EL OTRO: sobre el libro Radiografías de René Morales'

Lo que permea en estas páginas es la desesperanza, no ésa que apuntala al individuo
y lo confina a la sensación de vacío, soledad, respecto a los demás o a su yo interno,
sino la pertinaz legitimidad de pertenecer a una especie, cuya presencia se desmorona silenciosa, ingenua;
por eso su voz se presiente como un rumor vago de insinuar el acto vital en constante desplazo:
la vida en sus roles rutinarios de comunicación, comunión, creación, sueño, trabajo,
eso que nos integra desapercibidamente al yo social. Se adivina como un levantar la letargia,
abrir los ojos con son de campanas, en plena media noche. Su proceder de aturdir no provoca espanto,
es un afluente que vacila sobre la particularidad de compartir no un rol, sino ese aforismo inamovible,
con relaciones de toda índole condensadas entre sí: he aquí menester el término sobrevivencia.
Bajo este tema como posibilidad estética, da cuenta de una progresión emotiva, a la cual es necesaria abrirle la puerta,
prestarle atención para que todo esquife sepa lo que es un estuario;
denota un claro y firme estar sobre la tierra, padeciendo el mal ajeno: esbozo bien trazado,
donde recalca que la deshumanización es una herida que agrieta su contexto;
reafirma que su poesía es un quehacer que no precisa de la sustancial función de conocimiento y revelación (serpiente capicúa).
Sin embargo, la naturaleza inamovible de su angustia se encuentra ataviada de una sencillez no en su ritmo, cadencia,
sino en el vínculo de lo dictado, que desarrolla sin travas, sin tapujos, con vehemencia devastadora.
No hay mayor prueba que la de la constancia del tránsito del ser, para este caso, la conmoción que perdura en su marea,
en su condición lunar inmediata (la de René Morales) como certeza inapelable:
la penumbra como matiz o estructura de esas ciudades a las que nomina,
pero el elemento activo, actante decisivo (ese que implica una mayor participación y se instaura como engrane de mayor envergadura)
es esa huella inmarcesible de los hábitats en su memoria, el constante retorno a los referentes de la flora, la fauna:
ellos son su verdadera emigración, esa comarca que añora, ese deseo por nombrar fehaciente la utopía de los lugares de la modernidad.
Al final de la avenida se vislumbran astros peculiares como el aderezo que no falta nunca desde el principio de los tiempos,
abrevadero donde macho y hembra comparten la sed con ternura violenta:

“…esta ciudad
de poca fe y de poco valor en lo invisible, por extraño
que parezca, me gustaría más con tu nombre.”;

la auténtica sensación de no haber pisado ningún sitio a pesar de tanto recorrido o de,
sencillamente, verse acorralado entre la duda y la transfugación de sí:

"escribo desde un sitio
en el que nunca más volveré a ser yo

cuánta confusión hay en mí
muevan, pues, un grano de sal de la mesa
y podría jurar que jamás he estado en este lugar."

Venga pues hermano, enhorabuena, gustoso celebro este Cuaderno.

Gracias".


Nuevamente René sube al escenario, libro en mano y agradece. Da lectura a unos cuantos poemas después de contarnos que en Brasil embruteció bebiendo y se volvió loco por un rato

ii

En una ciudad tan roja como la tinta con que escribo
ando con la seguridad
de que alguien me tocará la espalda por sorpresa

para decirme que he envejecido
tanto como un muerto que conocieron
hace muchos otoños

yo siempre ando como un reloj en el puño
apretándolo fuertemente
para sentir algo parecido a la esperanza
en medio de las manos

yo siempre estoy tratando de recordar mi nombre
el tipo de sangre que tengo

y eso que me unía infinatamente a los cangrejos

.....yo siempre
.....siempre
.....estoy escribiendo este poema.

Aplaudo, en verdad me gusta su texto, le comento a mi novia "qué bonito" y afirma con un movimiento de cabeza. La audiencia también aplaude, menos unos cuantos al fondo que ríen y gritan, a lo que Morales comenta "es que tanto les provoco..." Yo estoy a punto de terminar mi capuccino frappé a falta de cheve y escucho, otra vez, el agradecimiento de René hacia nosotros. "Voy a leer un poema-más" a manera de albur, y en su lectura, parece quebrársele la voz "no, mejor dos, este poema es bellísimo"

Habitante de la ciudad de la esperanza

Uno no puede llorar
en la ciudad más horrible del mundo
ya que se tiene que volver a casa íntegro
con la ilusión de que un domingo
(el que sea)
nos ganaremos la lotería que se organiza en el supermercado

uno no puede llorar
rodeado de tantos desconocidos

hembras cargadas de semillas enfermas
-líquido transparente que se filtra a través de las medias-

uno no puede rodear la ciudad
para evitar a los sordos
a la señoras mal maquilladas
uno de verdad no puede llorar en el transporte público

uno no puede regresar moqueando a la casa
con los ojos rojos
como después de una pelea a doce asaltos

ya que terminaríamos teniendo todos los días poemas como éste.


Aplaudo, la concurrencia me acompaña. Es un poema que me gusta. Lee otro poema, el último "este poema se llama Milky seas y no por el chocolate"



Milky seas

Si este libro existe


Mi corazón será dulcemente movido por el viento


Si este libro existe


Mi corazón se volverá una gota de sangre
que detendrá a los relojes de la moral


Si este libro existe


Mi corazón pasará inadvertido
como un montón de aluminio


Si este libro existe


Mi corazón se quedará en silencio
como golondrina en una tarde fría


Si este libro existe


Mi corazón se congelará
para mantenerse joven


Si este libro existe


Mi corazón caerá al suelo
como una gota de sangre en un pozo


Si este libro existe


Mi corazón comenzará a sangrar infinitamente
por la válvula sigmoidea aórtica


Si este libro existe


Mi corazón destilaría un anestésico para aves


Si este libro existe


Mi corazón se volverá una semilla
muerta por error


Si este libro existe


Mi corazón se moverá lento
como un gusano en una gota de miel


Si este libro existe


Mi corazón dejará en silencio a todas barcas
de esta tierra


Si este libro existe


Mi corazón tomará el mismo filo que el deseo
más oscuro


Si este libro existe


Mi corazón será bondadoso borrado de
la tierra como un charco de sangre


Si este libro existe


Mi corazón será esparcido
en el pasto recién nacido


Si este libro existe


Mi corazón se duplicará como una bacteria
que llena de flemas los pulmones
de ciertos elefantes


Si este libro existe


Mi corazón será suplantado
por una gota de semen


Si este libro existe


Mi corazón sosegado
me recordará que guardo
en algún cajón de la casa
un puño de espuma blanca
muy parecida a la inocencia
o ese fragmento
de vidrio verde
que me recuerdan constantemente
que hay días tan parecidos a la eternidad
que casi nada de esto debe tomarse en serio.

René termina de leer. Agradece a todos. Mi novia y yo lo felicitamos. Nos ponemos de acuerdo René, Fabián, Rodolfo para vernos el sábado. Manuel me dice "¿qué, un vasonzaso?" No dudo ni un segundo, "vamos, pues". Ya rumbo al sitio mi novia chatea en su black y yo aprovecho entonces para leer Radiografías de René Morales como si mi viaje en el asiento del Conejo Bus me fuera develando a través de la ventana la radiografía que soy de mi ciudad caliente.


*Originario de Ocozocoautla, Chiapas.

5 comentarios:

Mario Alberto Bautista dijo...

Felicidades, René, un gran abrazo.

El Arbitrario dijo...

Mario, el sábado nos veremos en Fractal, y de ahí nos iremos a echar unas. Caéle pues.

nemo nihil dijo...

Fer disfruté un chingo tu crónica...y me siento compungido por no haber estado allí. Pinche René tienes que venir a presentar tus Radiografías al Soconusco, me imaginé al fabián con una chela en la mano mientras leía, y ya no le digan piji al piji...jajajajaj. salud-os

El Arbitrario dijo...

Ameth, gracias por darte el tiempo de pasar por aquí. Te mando un fuerte abrazo. Fer.

Oliverio de Rodas dijo...

Uy, mi estimado Ameth, no llevaba ni para el agua. Por eso la carraspera. Y sí, la presentación fue emotiva. Chido.

Mario, t mando otro abrazo. Hace rato que no te veo. Extrañemente hacen falta tus sarcasmos. jeje.

Fer, ya dale a la redacción ca'. Uno se regocija al saber que estás en activo, pero no al leer este despliegue de detalles que no es tan apropiado mencionar. P.e. ¿a quién le interesa que Rodolfo haya cambiado de e-mail? Lo digo por tu salud, ya sabes ;)

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