lunes, 2 de marzo de 2009

colaboraciones / Canciones de cuna bajo la luna española: García Lorca


.............................Julissa Robledo*

(segunda entrega)


En todos los paseos que ha dado por España, Lorca decide buscar el elemento vivo y perenne de la melodía, esa que renueva los instantes de cada historia y en la que el tiempo vive un tembloroso y continuo presente. Cada melodía, dice, da nota de un ayer que salta de pronto a nuestro instante, una melodía viva y llena de latidos, “como una rana”. En la melodía habita el espíritu de la historia, pero aquí la luz del tiempo permanece ya sin fechas ni acontecimientos, y la melodía es el tono de un país y de sus épocas muertas, un tono que, según Lorca, nos muestra a la España con un sentimiento histórico que grita con un tic de melancolía que se despierta muy agudamente en sus canciones. Para Lorca, todo el orden de la conmoción española se halla justamente allí, en cada canción, en el ritmo, en el sonido nostálgico de su música.

La apreciación lorcaniana es interesante: el tono trágico de la historia española resuena hasta en sus canciones de cuna. Una vez, paseando por Granada, relata Lorca que oyó cantar a una mujer del pueblo mientras dormía a su niño. Siempre había notado esta tristeza aguda de las canciones de cuna de su país, pero nunca, hasta ese momento, había sentido esa verdad tan concreta. Se acercó a la cantora para escribir la canción, y observó que se trataba de una andaluza guapa, alegre, sin el menor gesto de melancolía y que, al cantar así, tan sólo obraba con fidelidad ante la tradición de un gesto nacional que patinaba por su sangre, que le ordenaba que toda canción de cuna se canta con la tristeza debida. Desde ese momento, Lorca procuró recoger canciones de cuna de todos los sitios de España: saber de qué modo dormían a sus hijos las mujeres de su país, y, al cabo de un tiempo, tener la impresión de que allí, las melodías más tristes son las que pintan el primer sueño de los niños.

Surge en Lorca una pregunta exquisita: ¿por qué la usanza de una melodía tan ofensiva para que el niño dormite? La melancolía, el gesto de lo apático, lo agraviante, son modulaciones que no se ajustan a la sensibilidad tan delicada del infante, una sensibilidad que debería ser tocada, con mejor decisión, por aquellos cantos alegres de España, con aquellas chanzas, bromas y encantadores madrigales. Pero, a fin de cuentas, se trata de la tradición, y ésta, sabemos todos, difícilmente confía en las variaciones, porque difícil también es pensar que las canciones de cuna españolas dejen de ser algún día armonías melancólicas y se canten, con mejor lirismo, incitando en el niño un descanso amable. Pero Lorca apunta un dato que, en definitiva, elucida con mayor nitidez este asunto: la canción de cuna está inventada por mujeres del pueblo, aquellas cuya vida se complica en la pobreza, en la renuncia, en el abandono, y para quienes un hijo, más allá del bienaventurado sentido de amor, significa una carga, una difícil carga a la que hay que soportar con la misma desgana en que una canción les arrulla, contagiándoles en la melodía el sentido de la pesadumbre.

Artes poéticas

Revista La Otra